miércoles, 7 de mayo de 2008

¿Y por qué los Suns? (iII)

Dominique Wilkins fue mi primer gran idolatrado y, por extensión, los Atlanta Hawks. Era el equipo más espectacular del momento, cuando el Este dominaba la liga. Gente como el propio Wilkins, Kevin Willis, Doc Rivers, Spud Webb, el tirador Randy Wittman... hicieron buen baloncesto durante 3-4 temporadas pero nunca pasaron de semifinales. Recuerdo que un incipiente Michael Jordan era ídolo de muchos. Su mito se inició el día en que Larry Bird lanzó la mítica frase de "esta noche Dios se ha disfrazado de Michael Jordan" tras los 61 ptos del de Brooklyn en el Boston Garden (primera ronda playoffs).

En la temporada 87-88 se produce un traspaso en la NBA que me provoca curiosidad y seguimiento. Un rookie procedente de University of California es traspasado a los Suns desde Cleveland a cambio de Larry Nance y Mike Sanders. Nance fue el ganador del primer concurso de mates de la NBA (derrotó a Julius Erving) y era una estrella mientras que Sanders era un buen jugador de equipo. El jugador en cuestión era Kevin Johnson -YoYo Johnson le llamaba Trecet- quien llegaba a un equipo desgarrado por problemas de drogas en algunos jugadores como la superestrella Walter Davis o el novato William Bedford..., estrellas que iban en decadencia como Alvan Adams y gente desaprovechada (Jeff Hornacek, James Edwards). Junto a él llegaban dos currantes, el alero Tyrone Corbin y el rocoso pívot bajo Mark West. Este equipo me dio pena y decidí prestarle atención. Además, la figura de Kevin Johnson empezaba a hacerse grande casi desde el primer día en Phoenix.

Todavía seguía siendo de Atlanta pero la atracción hacia los Suns iba in crescendo hasta que llegaron a Atlanta Moses Malone y Reggie Theus. Aquel equipo necesitaba jugar con tres balones y cayeron en primera ronda ante los Bucks cuando tenían equipo para jugar la final del Este. En aquella temporada acabé decantándome por unos Suns que explotaron con la primera temporada completa de Johnson al frente del equipo.

lunes, 5 de mayo de 2008

¿Y por qué los Suns?

Mi afición por la NBA llega en la temporada 85-86 cuando un amiguete me ofrece una revista Gigantes que compra un familiar suyo. En aquella época, con 14 años, empiezan mis primeros contactos con el baloncesto. Tras ojear la revista me detengo en las páginas que versan sobre unos equipos llamados Dallas Mavericks, Milwaukee Bucks o Utah Jazz. Anteriormente había visto algún partido esporádico en televisión de las finales entre Boston y Lakers de la temporada anterior. Me gustaba el amarillo y recuerdo que me alegró que ganaran los Lakers aunque desconocía quienes eran.
A las pocas semanas de leer mi primer Gigantes, ya era un comprador asíduo. Era el pesado del pueblo, Benaguasil, que acudía al Kiosko Silvestre tres horas antes de que llegase la furgoneta que repartía las revisgas. Si antes de comer no llegaba, mi corazón daba tumbos.

Recordaré aquella temporada porque se pusieron de moda las Twin Towers de Houston. Mi amigo Pistolo y yo jugábamos a ser Ralph Sampson y Hakeem Olajuwon aunque mi primer ídolo sería Dominique Wilkins y sus espectaculares Hawks. Ese mismo año había visto un All Star en TVE donde Wilkins hacía giros acrobáticos, montando un auténtico show junto a Isiah Thomas. Pero la imagen que se me quedará es la de la media vuelta de Ralph Sampson en el sexto partido ante los Lakers, que daría a los Rockets el pase a la final. Luego caerían ante los arrogantes verdes de Bird, McHale, Walton, Johnson, Parish y Ainge.



Pocoa antes de la final de la NBA, la universidad de Louisville, los Cardinals, se imponían a Duke en la Final Four. El freshman "Never Nervous" Pervis Ellison fue elegido mejor jugador de la final y en el 89 sería número 1 del draft. La NCAA era totalmente desconocida para mí y pronto me interesé por los designios de esos jóvenes atletas.

Ese mismo verano descubrí que había una lotería llamada draft que permitía a los equipos con menos victorias elegir a los mejores jugadores jóvenes. Aquel año el número 1 fue Brad Daugherty y en el número los Celtics elegían a Len Bías. El genial alero de Maryland moría la noche de la celebración por culpa de la cocaina y el alcohol. En el número tres, Golden State se fijó en el gigante Chris Washburn, que acabaría sus días como vagabundo en las calles de Atlanta. Aquel draft maldito nos deparó más jugadores con problemas como William Bedford o Roy Tarpley. Era aquel verano cuando Fernando Martin marchaba a Portland para convertirse la temporada siguiente en el primer español en jugar en la NBA.

Continuará......